Estamos de espectadores, hoy más que nunca afirmo que somos los
espectadores complacientes de esta novela de terror que voy a titular El
Ultraje a Venezuela; cada día aceptamos con mas resignación los abusos de un
régimen despótico y cruel que no tiene entrañas ni el mas mínimo respeto por
nosotros como nación, constantemente decimos que la presidencia Venezolana es representada
por un títere de los hermanos Castro que solo buscan desfalcar aun mas al país,
pero tristemente los títeres somos nosotros, el gobierno sabe muy bien lo que
hace y cómo manejarnos, el caos que hoy impera es un escenario anunciado y lamentablemente
no hicimos nada por detenerlo, en este caso la guerra avisada si está matando a
los soldados, pues a nosotros se nos olvido que los soldados también son libres
y nadie con una cuota de poder momentánea tiene el derecho de hacernos
esclavos. Sí, eso somos esclavos de nuestra resignación, del aceptar hacer una
cola para comer, de la pereza y la falta de garra para actuar a pesar que vemos
como nos roban el futuro, sin contar todas las riquezas de nuestro gran país
que lamentablemente hemos perdido.
Ahora bien, desde diciembre de 2015 se ha suscitado un fenómeno
esperanzador envuelto en un manto de ingenuidad, el pueblo votó y a la asamblea
nacional rescató, ¡Bravo! la bella durmiente bostezó pero no despertó; No hemos llegado al cuarto mes del 2016 y ya
nos quitaron atribuciones, pero lo más intrigante es ver como los esclavos
luchamos detrás de una laptop, tableta, teléfono, en fin cualquier medio que
nos garantice que un colectivo o uniformado no va a arremeter contra nuestra
integridad, tristemente la condición aguantadora es propicia para perder la soberanía,
ahora el debate es sobre la enmienda, el revocatorio, ley de amnistía, mientras
el proyecto socialista de destrucción se sigue afianzando, quien puede confiar
cuando dicen que este régimen está dando patadas de ahogados, pero se siguen
burlando del pueblo, desacatando la constitución y nadie reacciona, realmente
yo lo que veo es a un dictador a sus anchas que da pasos sobre la espalda de sus
esclavos y sabe que ni siquiera levantaran la vista, seguiremos siendo su
alfombra o mejor dicho el trampolín para sus cometidos.
Sin embargo, debo reconocer una cuota de heroísmo a los diputados de la
asamblea, los ciento y tantos que representan a unos cuantos millones de venezolanos
sin garra ni valor, los que vivimos en el cuento encantado esperando ser
rescatados. Señores o tomamos terrenos constitucionales como una ciudadanía
activa, en defensa de nuestro futuro, de la soberanía y la democracia o
seguiremos viendo a muy corto plazo como las ruinas acaban con lo poco que
queda de progreso y democracia. El barco se hunde o nos salvamos y cooperamos
por el bien común o nos unimos a las ratas que en el naufragio huyen cobardes
sin más penas ni glorias.


No hay comentarios:
Publicar un comentario